Devenir mujeres: bienvenidas.

Al sentarme frente al ordenador y pensar que palabra encadenar tras otra, se aturulla la mente. Aún me cuesta dejarme fluir sin contenciones metales y físicas por ese miedo compañero-fiel que viaja fundido a la piel de muchas de nosotras. Y creo que, desde ahí, desde el (re)conocimiento de una misma, desde la vulnerabilidad que subyace a la exposición, desde un lugar construido por y para nosotras, siento la confianza suficiente que sostiene este corazón inquieto para iniciar, por fin, nueva andadura. 

Mujeres desde la Frontera es el devenir de esos pasos inciertos y dados hasta ahora. Recuerdos impresos en la memoria, huellas del esfuerzo y la incertidumbre, la ilusión, también las vicisitudes, pero, sobre todo, de los aprendizajes. Enseñanzas con nombre de personas increíbles que tallan esta suerte de esperanza utópica alimentada, guiada y que da sentido a enraizarse a la tierra, yerma y hostil demasiadas veces. A todas y cada una de ellas, GRACIAS. Gracias por albergar la misma pasión que yo, y a vez más, por este proyecto. Misión y objetivo de los traspiés y sueños secretos. 

Durante toda mi vida he hecho lo que las expectativas dictaban, y no sería honesto iniciar el camino sin compartirlo abiertamente. He sido la niña obediente, la adolescente agonizante entre la belleza canónica y la aceptación ajena. Adulta oprimida y complaciente que existe por la gracia del afuera. Y, sólo ahora, después de mucho feminismo y muchas mujeres maravillosas, puedo retar a la fuerza que beatifica el silencio o, ahoga la voz subversiva en la pila bautismal a golpe de “puta”. 

Si, siento la necesidad de mencionar que no siempre fui consciente, de reconocer que no está todo hecho. Faltan muchos más pasitos que dar en este despertar revoltoso y lleno de exploración y descubrimiento. Pero, es que me he cansado de hacerlo sola. Y aunque también es una alternativa, ha llegado un momento en el que transformar el dolor, la soledad, las dudas, la competencia…teorizar y politizar lo que nos atraviesa, es mucho más poderoso en colectivo. Apoyarnos y tendernos la mano en nuestras alegrías y malestares facilita que todas podamos emprender nuestra propia andadura. 

Por qué no imaginar un mundo en el que poder caminar juntas, en el que no vivir aisladas y en el que el individualismo neoliberal no nos engulla… ¿No? 

En mi caso, que no es el único, he colocado el cuerpo para la existencia y el bienestar de otros. He convertido en propios el sufrimiento y la desidia, soportado la invisibilización y el silencio castigador, he vendido la dignidad por algunas palabras cálidas y besos fríos que calmaran un alma magullada y ansiosa. Sí, me he construido complaciente y dependiente, asustadiza por lo violento y las caricias ásperas. Me he forjado frontera entre el recelo y el amor lejano de una identidad que tambalea ambivalente, desquiciada y pasional. 

Si, desde aquí me abro, expongo la carne para reconocimiento de otras que sangran o se resquebrajan secas de indiferencia. Locas o locamente cuerdas. Porque es así. No es casual sentirse menos, no es casual no escucharse y vivir para los demás como destino y éxito vital. No es una coincidencia buscar el amor en pareja como origen y final de todo, como tampoco lo es priorizarlo por encima del abrigo de tus relaciones de amistad. Nunca eres suficiente, tienes que demostrar más, el doble o triple que la otra mitad del mundo para terminar por infravalorarte. No puedes alzar la voz enunciándote como mujer sexual, gozosa y libre porque el juicio moral baña una sexualidad que casi ni conocemos. 

Y así constantemente. Es muy agotador. Las mejores madres, esposas, amantes, profesionales…presentes en todo momento y, con la sonrisa siempre puesta en la cara, aunque estemos retorcidas por dentro. Toda una suerte de equilibrios imposibles que, o bien enferma mantener, o matan de una. Es más, toda una serie de factores que sustraen nuestra salud que ni contempla la propia medicina, la que, lejos de revisar, nos borra en sus estudio y ejercicio, y, nos marginaliza en el diagnóstico como nos relata virtuosa la misma Carme Valls-LLobet. 

Si por el contrario decides ser honesta, contigo y con quien te rodea, es peor. La incomprensión vive alojada al otro lado de tu piel, una gran imagen mental y compartida reina las mentes de una sociedad que empuja esta idea socializándonos en ella. En esa férrea y ya oxidada conceptualización del género femenino divisoria entre santas o, ya sabemos el resto. Sumisas, calladas y serviciales, nunca rebeldes, voceras y nuestras. Siempre limitadas al derecho concedido y no al tomado. Siempre tranquilas y no llenas de ira, intensas como explica brillante Ana Requena. Siempre a la espera y nunca movilizadas o movilizadoras del cambio. 

Y no hablemos de ser percibidas como racializadas, migrantes o, básicamente ser leídas fuera de la norma cis-hetero-patriarcal. Nuestro egocentrismo occidental deshumaniza otras vivencias, otros devenires objetivizando cuerpos, sexualidades, deseos y placeres…colonizando lo diferente, degradando aún más a mujeres que queden fuera de lo aceptado y permitido. A veces, como hemos explicado, ni siquiera será necesario esto para el escarnio, la brutalidad y el abuso como arma de control. Mantener el statu-quo someterá cualquier expresión, identidad o rol identificado como diferente, disco o rebelde. 

Por consiguiente, es incuantificable reconocer el esfuerzo que supone conectar con esta crueldad transversal al género, al sexo, a la clase social, a la etnia, a la corporalidad o a la cultura. Una suma de opresiones que orquestan nuestro devenir mujer, nuestro estar y ser en este mundo. Todo un reto que, Mujeres desde la frontera pretende acompañar para poder definir a nuestro antojo. Un “mujeres” que incluye los sentires, los significados, los matices que cada una exponga. 

Basta de versiones incompletas, basta de sesgos en la historia, basta ya… “El hombre prehistórico también fue una mujer” como argumenta Marylene Patou- Mathis, el patriarcado no fue siempre el sistema imperante como ilumina “El cáliz y la espada” de Riane Eisler. No hay cuestión divina ni biológica que atender y que justifique el lugar oscuro y mohoso de ser eternamente “El segundo sexo” que defiende Simone de Beauvoir. La baza perfecta, entre otras, para alejarnos del espacio público, de su poder, de las decisiones de calado y de un mundo que también nos pertenece. 

Por eso mismo centro mis esfuerzos en recuperarnos a nosotras, a nuestros cuerpos, sus placeres y goces, sus deseos, los afectos, las fantasías… el sexo, su sexualidad y erótica en un ejercicio de reapropiación también de la voz, de su expresión asertiva, de la oposición frontal al chantaje emocional, de la autodefensa mental, verbal y física. De la búsqueda de la independencia y autonomía que procura salirse del miedo y la duda por percibirse capaces “de”. 

Conocer y conocerse en nuestra fisiología y su interrelación con el contexto. En nuestra ciclicidad, en nuestros ritmos, nuestras ganas o sus ausencias, libres de culpa y moral que tiñen todo de pecado, obscenidad y vergüenza. Al contrario, son recursos, signos vitales que nos permiten traducir el lenguaje en el que nuestro cuerpo, tan valioso como nuestra mente, nos expresa qué necesita. Ya es hora de quitar esa venda de los ojos, la cera de los oídos y las cadenas a nuestro clítoris para ver, oír y orgasmar (si así lo deseamos) sin restricciones. 

Ser mujeres sexuales, en toda su plenitud. Saber lo que nos gusta, lo que nos apetece, lo que no queremos, y poder expresarlo. Es toda una liberación de los mandatos impuestos que nos doblegan hasta empequeñecernos y convertirnos en alguien que realmente no deseamos ni buscamos ser. Pero ¿cómo darse cuenta? Y, aún quizás más complejo, ¿cómo llevar a cabo la acción o acciones necesarias para reconducir nuestra vida? 

Con todo este peso me encontré hace unos años, llorando por dentro mientras las lágrimas iban horadando unas entrañas ardientes de tanto mal sin nombre que decía Betty Friedan allá por los 60. De tanto aguantar, de tanto claudicar sin sentido. Probablemente, mi yo pasado nunca hubiera adivinado que me aventuraría a esto, a emprender mi propio camino, a construir mi propio trabajo, a generar un reconocimiento merecido, a colocar una silla en la que sentarme cuando no había sitio para mí. 

Empecé a formarme, acudí a la psicóloga, continué cuidándome. Me apunté a clases de yoga, leí (y leo) mucho y, cuando el espacio se hizo real entre mi apretado cerebro, pensé, me coloqué en el centro y me atreví a ser yo. A dedicarme a lo que me emocionaba, me seduje con mis anhelos y empecé a creer, a enamorarme del futuro y de mí. ¿Por qué no? Porque mi idea no iba a ser un devenir tan válido como otros…por qué no iba a ser posible. 

He renunciado a lo políticamente correcto por resucitar a la bruja que llevo dentro, a mi insidiosa herencia. Por ser independiente, por saber y decidir no ser madre. Puede que me hayan asignado algunos juicios, pero, he ganado libertad. Puede que queden dificultades por superar, pero la coherencia entre mi ser y mi actuar, cada día, me hacen más feliz. Puede que reste aún mucho camino por recorrer, pero deseo hacerlo más que nunca. 

Me he encontrado en el emprendimiento, en la escritura y la lectura, me encuentro en el sexo y su sexualidad, me encuentro una y mil veces defendiendo mi derecho a estar y ser, y me encuentro siempre en ellas, y gracias a ellas. A vosotras. Por eso esta comunidad es vuestra. Os la ofrezco para reunirnos, para cuidarnos y para destapar todas esas capacidades creadoras y creativas que cada mujer encierra en su cosmos. Para (re)encontrarnos, ¿Te vienes? Bienvenida. 

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Paula

    Gracias por esta maravillosa bienvenida. En ningún lugar tan bien hallada.
    Gracias por lanzarte a esta aventura, por dejarnos conocerte y conocer. Gracias por compartir y por dejarme compartir. Por supuesto que me uno en este camino hasta cualquier frontera y más allá.

    1. Leyre Collazo

      El valor de vuestro apoyo es incalculable. Gracias a vosotras, a ti Paula, por caminar a mi lado. Hacéis que todo cobre sentido.

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