
Eso me permitió cursar CC.Biológicas en la Universidad Complutense de Madrid o, volcarme rauda al mundo laboral y especializarme en la atención al público y diseño de interiores durante 15 años. Y claro, podréis preguntaros no exentas de razón, qué tendrá que ver la biología con la atención al cliente: «nada», pensaba yo. Pero tras los años en los que iba creciendo, personal y profesionalmente, descubrí mi pasión por divulgar conocimiento, por la gente y sus historias de vida, y, si lo mezclamos todo con mi despertar feminista, “¡Eureka!”, aquí me tenéis.
He unido a lo que ya sabía, conocimientos prácticos en comunicación digital y organización de eventos. He despertado formándome como Educadora sexual con perspectiva de género gracias a la Fundación Sexpol o, como Agente de Igualdad y Experta en intervención social para el empoderamiento de mujeres a través de la escuela de pensamiento feminista Feminarian. Saberes que brotan de mis inquietudes más personales y conscientes de una identidad en construcción que, actualmente, me pertenece más a mí misma que a lo que dicta la mirada ajena.
Mi propio despertar me ha unido a otras mujeres en procesos paralelos y tangentes en muchos puntos, animándome a sumar esfuerzos con aquellas personas que vibran con esta necesidad
imperiosa de cambio social, de justicia y equidad. Una vivencia que me permitirá nutrir las formaciones con colaboraciones de más mujeres profesionales y alineadas con este desertar.
Todo este periplo me ha pesado por años, no saber hacia dónde ir, qué rumbos tomar en cada momento, pero, hoy comprendo que gracias a todas esas experiencias y personas maravillosas soy quién escribe estas líneas. Y, quien, aún hoy se sigue buscando entre los rincones, los despistes y las pasiones. La mayor, ser libre. De la culpa y la vergüenza, del juicio que nace dentro y viene de fuera, de la herencia insidiosa que no pedí.
Libre como utopía para seguir avanzando sin miedo a ser yo misma.
